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Permiso para entrar

No sabría decirte cuántas veces he visitado el Jardín Botánico en los últimos dos años, y hasta el momento no había conseguido entrar al invernadero, siempre lo hallaba cerrado, claro que no sabía la cláusula secreta que es posible pedir a la persona que cuida las plantas allí, permiso para entrar.

Yo no lo sabía y siempre buscaba entrar por la puerta principal la cual siempre tiene una cadena gruesa y su candado. Si bien hacía mucho calor allí, me gustó el contraste del colorido de las plantas llenas de vida con las vetustas paredes mohosas.

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Sacar fotos en tiempo récord, tiene su desventajas

No soy fotógrafa profesional, pero me encanta sacar fotos, ayer a la mañana en un respiro que nos dio el mes de agosto luego de tanta lluvia, nos dimos una vueltita por el Jardín Botánico, una breve caminata bajo el sol, antes de comenzar la jornada de trabajo.

Por primera vez, en mis tantas idas al Botánico logré entrar al invernadero, mamá se sintió mal allí por el calor y fue a sentarse afuera que estaba más fresco, mientras tanto yo, lo recorría a toda velocidad, para no hacerla esperar. Así que las fotos que tomé fueron en tiempo récord y sin buscar mucho el mejor encuadre o la mejor luz, pero igualmente así me traje unas fotos de flores que aún no había visto, aunque sé que podían haber salido mejor, si me hubiera tomado el tiempo suficiente.


Las maravillas que descubrí gracias a Rita

Ya se me ha hecho costumbre eso de buscar hongos, luego de cada lluvia. La semana pasada disfrutamos de algunos días lluviosos, con lo cual ayer fui un rato a recorrer el Jardín Botánico en busca de nuevas setas.

Y sí que resultó! mirá que bellezas encontré, perdón, encontramos, pues Rita quien cuida de hermosas plantas en el vivero del Jardín, me ayudó a encontrar algunos, lo cual agradezco muchísimo, ya que estaban muy escondiditos y realmente no los hubiera visto sin su ayuda.


Bellezas que dificilmente vemos

Esta peculiar belleza la descubrí en el Jardín Botánico de Buenos Aires.

¡Vaya! la naturaleza me sigue sorprendiendo, sigo encontrando tantas bellezas peculiares, raras en su forma, tamaño, aroma, que a veces no lo puedo creer. Las variedades que tenemos son increíbles, así que abrir los ojos para descubrirlas y disfrutarlas.

Esta colorida belleza estaba en el Jardín Botánico de Buenos Aires.

Esta hermosura fucsia la hallé en la altura de Quito, Ecuador.

Esta hermosa belleza la hallé en Nanegal, Ecuador. Aunque también la he visto aquí en Montevideo.


La Primavera se va imponiendo…

Ayer nos dimos una vueltita por el Jardín Botánico, pues si bien las noticias informan que mañana 23 de setiembre a las 06:00 de la mañana entrará oficialmente la Primavera en el Hemisferio Sur, yo me quedé en el tiempo en que siempre entraba el día 21 (al menos eso creíamos), así que con el hermoso cielo azul totalmente despejado y un calorcito que invitaba a andar en mangas cortas, nos fuimos hasta allá para ver qué nos deparaba la estación entrante, en cuanto a flores, colores y aromas.

Aún estaba adormilada, no hallamos flores por doquier como creímos, pero podía verse que se está preparando para desplegarlas en breve; sin embargo fue gracioso ver que en algunos lugares la Primavera luchaba por imponerse en el paisaje, tal como lo demuestra esta graciosa foto.


El arte que embellece las ciudades…

Me gusta observar las distintas formas de arte en su más amplia gama que uno puede hallar en las ciudades y pueblos, desde las más modernas y futuristas, hasta las más antiguas, representadas en monumentos conmemorativos, fuentes, esculturas y hasta las columnas de muchos edificios.

Por ello, he querido agregar en este blog una página específica para este tipo de bellezas, sin importar el tiempo que tengan ni el tipo de material con el que fueron realizadas sino ver la inventiva de su creador, tal vez el motivo por el cuál fue creado para determinado sitio.

En fin iré subiendo las fotos paulatinamente, date una vuelta de vez en cuando…

La escultura de la foto se encuentra en el Barrio Palermo, dentro del Jardín Botánico Carlos Thays de Buenos Aires – “Plegaria de la India Tehuelche” en uno de los costados del Edificio Central del Jardín.


Safari fotográfico contra reloj

En la última semana del mes de junio, estando en Buenos Aires se inició una ola de frío, viento y lluvia, por lo cual, si bien la idea era visitar tranquila y con tiempo ciertos lugares, las cosas no se dieron así y esperando el buen clima debí engrosar la agenda del último fin de semana en la ciudad.

El sábado amaneció gris, frío y con una brisa helada que se colaba a través de la vestimenta, me abrigué lo más que pude sin exagerar para poder moverme libremente a la hora de tomar fotos. Tomé el colectivo 128 en Colombres hasta Av. Las Heras en Plaza Italia, llegué al Jardín Botánico, y había otros grupos de locos (por la fotografía) como yo tomando fotos ¡qué bueno! pero, ellos iban lentamente buscando ángulos, colores, creando sus composiciones, yo en cambio caminaba tratando de abarcar el máximo a cada paso.

Tenía una agenda contrareloj, debía recorrer todo el Jardín en una hora y media y de allí cruzar para recorrer el zoológico en otra hora. Luego de sentirme relativamente conforme con mis tomas en el jardín, me fui al zoo, donde la chica de la caja insistía en que me convenía pagar el pasaporte económico que contenía un pack para el acuario, la selva tropical y otros sitios, entonces no sé como le habrá sonado pero tuve que decirles: no tengo tiempo de ver todo eso hoy, dame una entrada común, solo quiero ver los flamencos y otras aves, me miró raro, pero me entregó mi entrada.

Una vez allí descubrí que los flamencos estaban tan lejos que aun con el máximo del zoom se veían pequeños, los papagayos estaban dentro de unas enormes jaulas con un enrejado tan pequeño que se me hacía imposible tomarles fotos sin que salieran los alambres, fue así que a pasos agigantados recorrí medio zoológico y les tomé fotos a otros animales, así fue que me encontré con las suricatas que me atraparon más de la cuenta, la foto no es de buena calidad porque los vidrios tras los que estaban se veían bastante sucios.

Pero ellas tan gráciles, esbeltas y curiosas hicieron que dejara a un lado al menos por un rato mi prisa; en un especio reducido convivían un gran número de ellas, corriendo de un lado a otro en cuatro patas, pasando a través de un tronco y como si algo desde afuera les llamara la atención se paraban en dos para observar a través del vidrio algo que para mí no era relevante, aunque al contemplarlas mejor se me hizo que sus ojos buscaban y esperaban algo más allá de aquellas paredes de cristal.

En resumidas cuentas llegué tarde al siguiente punto de la agenda, igualmente pude solucionarlo. Pero disfruté bastante del safari fotográfico contra reloj  de ese día, la próxima vez iré con más tiempo para plasmar lo más bello de cada animal.


Últimos días del Otoño en Buenos Aires…

Hablando una vez más del encanto del Otoño, hace unos días tuve la oportunidad de volver a Buenos Aires; más allá de que esos días fueron de un frío cruel y no salí tanto como hubiera deseado, sin embargo, aún en tonos gris la mayoría de los días la ciudad resplandecía y mostraba cierta luz.

No era el clima en que allí disfrutas de las celestes alfombras creadas por largas hileras de Jacarandá en ambas veredas de las amplias avenidas, pero sí ve veía hermosa la calidez de las hojas de ginko contrastando con el verdor de las palmeras.

La belleza está en cada paso que das dondequiera que te encuentres, asegúrate de verla.


El Otoño siempre tiene su encanto…

Uruguay es un país que goza de cuatro marcadas estaciones, entre ellas el Otoño. Desde el 21 de marzo ha estado entre nosotros; sin embargo no ha sido sino hasta mediados del mes de mayo que ha mostrado su peculiar encanto, ese de los colores cálidos, enmarcados generalmente por un cielo gris pálido e indeciso.

Hoy caminé sobre las alfombras de colores que tendió a mi paso, las hallé de amarillo fuerte, también de un café claro, y me enamoró con el tinte rojizo que garabateó por el sendero entre los cedros.

El día estuvo frío, pero igualmente invitaba a disfrutarlo, por el parque la gente enroscada en bufandas, caminaba, corría, charlaba, disfrutando del encanto que suele traer consigo el Otoño.

En unos días más vestirá de gris cada árbol caduco que ya habrá perdido sus vestidos, y mostrará en la ciudad otro tipo de magia, que más allá de las quejas de algunos, no deja de ser una hermosa visión.