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Un amanecer sobre Montevideo

Vista áerea de Montevideo

Vista áerea de la ciudad de Montevideo, al amanecer.

Amanecer en Montevideo

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Amaneciendo en la ciudad

amanecer sobre Buenos Aires

La ciudad despierta lentamente, pintándose de diversos colores.

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Aves de ciudad

Algunas aves que cruzaron mi camino ayer nomás.


Algunas curiosidades de Colonia

Yo no recuerdo exactamente cuántos años hacía que no visitaba Colonia del Sacramento, pero de una cosa estoy segura, es que no la vi en aquellos años tan pintoresca como ahora, la recuerdo más bien sombría y sin tanta vida.

Hace unos días descubrí una ciudad más turística, con más movimiento y hasta con ciertas cosas que llamaron mi atención y me resultaron simpaticas pero también curiosas.

Estas son algunas de las curiosidades de las cuales te hablé.


La belleza del contraste…

Me encanta recorrer ciudades pequeñas y pueblos, porque en ellos se pueden apreciar muchas cosas que se rehúsan a ser obsoletas, buscando trascender más allá de los tiempos.

En esta fotografía que tomé en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú en Argentina, se puede observar la convivencia armónica del carro tirado por caballo, la bicicleta, un viejo Citroën, tras un moderno Chevrolet; todos medios de transporte que así combinados le dan a esta tranquila ciudad (al menos mientras no es semana de carnaval) cierto encanto dentro del contraste que se observa.


Andando calles viejas con ojos nuevos o viceversa…

Cada vez que partimos de un lugar amado, si bien queremos regresar no siempre sabemos a ciencia cierta si lo haremos realmente.

Creo que no me alcanzan los dedos de las manos para contar las veces que me mudé, a veces con alegría, otras con lágrimas, muchas veces hice mío aquél párrafo hermoso de “El Profeta” de Kahalil Gibran: ¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No, no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma. Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor? Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena. No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.

Tal cual, existen calles que grabaron mis pasos, sobre otras se esparcieron mis risas y mis palabras de paz, de amor, de dolor o de rabia. Por eso luego de los años volver a andarlas, es una bendición en la que se te agolpan otra vez las emociones y recuerdos de otros tiempos y la ves con ojos nuevos, buscando los cambios, descubriéndolos; tal vez hasta tenga el mismo aroma y los plátanos o eucaliptos floreciendo y hasta halles algún vecino que solías saludar, pero aunque todo halla cambiado es hermoso poder volver a andar calles que formaron parte de tí, como esta de la foto, en el barrio La Floresta, en Quito, Ecuador donde viví durante tres años.


La reina del invierno

A medida que recorro con mis ojos los jardines uruguayos, descubro que por estos días la flor del aloe saponaria se ha convertido en la reina que colorea los jardines, pensar que fueron plantas que ignoré en la primavera y el verano, estaban ahí y simplemente no le presté atención porque ni siquiera imaginé cuál sería su flor o si florecería.

No sé nada de botánica, pero estoy aprendiendo mucho mediante la observación, ya sé el tiempo de floración de algunas plantas y eso me ayuda para fotografiarlas, investigaré lo más que pueda; sin embargo para mí no hay nada como el sabor de hacer mi propio descubrimiento, pues no se me olvida, porque yo misma lo encontré y lo aprendí, más allá que antes que yo muchos otros lo supieran y a su vez podrían darme cátedra sin fin, igualmente seguiré permitiendo que la naturaleza me enseñe sus tiempos, total para conocerla no tengo apuro.