Es un blog de fotos de la naturaleza, viajes y cosas bellas en general.

Recuerdos

No hay maravillas hoy… solamente yo, desde otra óptica… :)

yo sacando fotos a las flores silvestres

Es verdad, lo admito soy una pesadilla con las fotos, pero agradezco a la familia y amigos que tengo que me tienen mucha paciencia, cuando me ven parar en todo momento para sacar fotos.

Aquí estoy yo enfocando un grupo familiar y preparándome para salir en la foto.

Aquí estoy yo enfocando un grupo familiar y preparándome para salir en la foto. Foto tomada por mi cuñada Sonja.

Foto tomada por mi sobrina Sofía.

Foto tomada por mi sobrina Sofía.

Foto sorpresa tomada por mi cuñada Cecilia.

Foto sorpresa tomada por mi cuñada Cecilia.

Foto tomada por mi esposo Pedro.

Foto tomada por mi esposo Pedro.

 

 

 

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¡Cuatros meses ya! y la extraño como el primer día

Iara fue un ser especial en mi vida, tierna al extremo de su mirada hasta cada gesto. Tengo tantos recuerdos y anécdotas que desde pequeña ella fue forjando para mi mente.

Sí, la idea era agregar aquí un vídeo que le hice pocos meses antes de morir, no tiene la mejor calidad, ni tampoco el mejor encuadre, pero quería mostrar como ella sabía contar hasta “dos”, cada vez que era su hora de comer, le daba dos vasos de alimento balanceado al mediodía y dos a la noche, entonces jugaba con ella diciéndole que sólo le daría uno, y ella hacía que NO con la cabeza y se iba hacia atrás y se sentaba a esperar que le sirviera el segundo. Ese juego se había vuelto una especie de ritual pues me gusta disfrutarlo con ella.

En cuanto pueda editar el vídeo de manera que me deje subirlo lo haré. Pues Iara es otra de las maravillas de la naturaleza que disfruté por algunos años y vale la pena que la conozcas.


Nunca fuiste mi mascota

Su primera foto.

Recuerdo el día que llegaste, no te esperaba y a decir verdad no podía imaginarte en el departamento, pues en mi infancia tuvimos muchos perros y había mucho lugar para tenerlos, pero pensar en ti en un pequeño departamento, hacía cortocircuitos en mi mente.

Jugueteando con Dorita.

Llegaste como un ultimátum, si la quieren paso a dejarla en media hora -dijo la voz desde el teléfono, yo aún medio dormida, ante esa noticia, solo podía decir que no, más tarde, oí el timbre cuando vinieron a dejarte y no quise bajar, fue mi hermano quien te recibió, no te oí llorisquear ni practicar un ladrido. No podía quedarme en el dormitorio para siempre, así que bajé pensando que ni te miraría y en cuanto pudiera intentaría devolverte. Si supieras cuánto me duraron esos pensamientos, fue verte temblorosa dentro de aquella caja, con tus ojos de miedo, que me derretiste todos los muros en ese mismo instante en que cruzamos las miradas.

Comiendo… su pasatiempo, favorito.

Te acaricié para quitarte el miedo, busqué dónde servirte leche y luego algo para que comieras, y luego ya no importó si tenía o no lugar para vos. Te llevamos a la plaza y todo lo aprendiste rápido. Hiciste tus grandes travesuras con las que sólo nos podíamos reír al ver la cara que ponías cuando te preguntábamos: ¿qué hiciste?

Ante una difícil decisión… las uvas o el hueso. Le gustaban mucho las frutas, pero lógicamente primero eligió el hueso.

Te fuiste y te diría que te extraño a rabiar y no porque sea el primer día de tu ausencia. Sino porque eras parte de la familia nunca te consideré mi mascota, te sabías nuestras rutinas y nosotros las tuyas. Porque fuiste fiel, noble, dulce, cariñosa, guardiana, inteligentísima y podría seguir con muchos otros adjetivos.

Siempre con una mirada tierna, siempre fuiste un amor!!

Siempre fuiste un amor, por eso… todavía estás aquí.

 

 


Para el día de las Madres, una historia de abrojos y espinas

Me gusta traer recuerdos de mi infancia en el Día de la Madre, porque en cada uno ella tuvo un rol significativo.

Como aquellos días en que supuestamente, bajo la vigilancia de mis hermanos mayores, me embarcaba a la aventura de recorrer los extensos terrenos baldíos que se extendían por nuestra pintoresca Villa.

Recuerdo muy bien, todas las advertencias que recibíamos de mamá antes de salir en estos paseos, en primer lugar debía ponerme pantalones largos para cuidarme de los  rayones de los cardos, abrojos, chircas y rosetas. Algo que no debíamos hacer era comer frutas verdes ni calientes del sol y mucho menos sin lavar, tampoco comer revienta caballo (lo cual era toda una tentación, se me hacían pequeños tomatitos que siempre quería arrancar), estas eran sólo algunas de las cosas de la lista que me preparaba para salir a descubrir la naturaleza.

Si bien, nunca probé revienta caballo, y solo llegué a comer moras silvestres sin lavar, un buen día entendí la advertencia de los pantalones largos, luego de haber corrido entre los chircales, haberme llenado las medias de abrojos y ver mis piernas surcadas por los arañazos de los cardos.

Así es que puede un niño comprender parte de la sabiduría materna. Porque las madres pueden protegerte desde lejos, ya que mientras tú ni te enteras ellas guardan en ti sus palabras, las cuales regresan a ti cuando las necesites. Hay muchas cosas bellas que puedo decir de mi madre, pero hoy quería recordar una historia de mi infancia, en la que ella siempre estuvo presente, cuidándome y mostrándome su más detallado cuidado.

Agradezco tenerla todavía cerca mío y poder seguir brindándole mi amor. Espero poder cuidarla tanto como ella me cuidó.

Para tí mamá, por todas las veces que me evitaste las espinas!!

 


¿Urraca parlanchina?

Sí, recuerdo que en mi infancia solía ver Las Urracas Parlanchinas, dos pájaros negros y revoltosos, que solían comerse las mazorcas de maíz como si fueran el rodillo de una máquina de escribir, no eran mis dibujos predilectos, pero en esos días no había tanta variedad para elegir, además la programación televisiva comenzaba tarde, tipo a las 17.00 hs. así que si ibas a la escuela por la tarde, llegabas justo para tomar la leche y ver los dibujitos.

En fin, no era de los dibujos de los que quería hablarles sino del hecho que finalmente hace unas semanas conocí personalmente una Urraca y no se le parecía a las que solía ver en dibujos. Tal vez existan muchas especies de Urracas. Y esta del zoo, era realmente hermosa y tranquila o al menos lo estaba ese día.


La herencia de mi abuelo

Una vez más ha comenzado el mes de diciembre, lo cual me llena de un espíritu especial, por muchas razones en realidad; una es que ya estamos cerca del verano y solemos tener por aquí unos hermosos días soleados, a veces calurosos, pero hermosos al fin pues no es posible tenerlo todo, ¿no crees?

En fin, otra razón es que me encanta la navidad, por lo que significa y porque pongo en uso la herencia de mi abuelo paterno. Tal vez pensaste que se trataba de algunos platos, fuentes o adorno navideño que recibí de él, pero la verdad es que lo que conservo de mi abuelo son más bien recuerdos, pocos, pero lindos.

Te diré que durante mi infancia visitar la casa de mi abuelo era como ir a un shopping en navidad, lo cual hace más de 30 años te sentías como en la casita de dulces de Hanzel y Gretel, para empezar el árbol que él adornaba iba del piso al techo, y usaba la mitad de un gran living para crear el más hermoso pesebre que hubiese visto. El abuelo, no sé bien cómo, creaba ríos no de papel celofán azul, sino de agua real que corría, hacía cascadas y tenía todo tipo de animalitos, palmeritas que él mismo hacía, me quedaba horas observando cada adorno, era hermoso.

Esa es la herencia que tengo de mi abuelo (lamentablemente no tengo fotos, en ese tiempo no tenía cámara), me encanta adornar la casa en navidad, puede llevarme días y cansancio, pero aún así nunca lo supero en su inventiva.

Por el momento sólo he preparado el material para comenzar a adornar, luego te mostraré cómo quedó.


Yo que creí que deshojar margaritas era un juego sin ciencia.

Pues sí, no me hubiera puesto a pensar jamás que lo que consideraba un juego de niños y adolescentes, no hubiese sido inventado por un ser enamorado sin más complejidad que el confirmar el amor de su ser amado. Sin embargo, hasta hoy  encuentro la página de Alejandro Rojo, quien nos da una complicada pero ilustrativa explicación acerca de toda la ciencia que encierra este “simple juego”; y cómo no voy parafrasearlo hete aquí la dirección donde puedes leerlo: http://www.albertorojo.com/publicaciones/DeshojandoMargaritas.pdf


Primaveras de ayer y de hoy…

Cuando era una niña vivía en un hermoso barrio de casas bajas y cada una con un gran espacio de patio y jardín, donde la mayoría de los vecinos tenían sus árboles frutales, gallinero, galpón, parrales que iban desde la puerta trasera de la casa hasta el cerco del fondo del terreno, había un aljibe, mucho lugar para correr y árboles para trepar.

En ese tiempo, no importaba mucho que la primavera trajera consigo hermosas flores, no era mi prioridad, pero sí sabíamos mis hermanos y yo que pronto nos reuniríamos con papá para fabricar nuestras cometas (barriletes), así que un día salíamos a cortar cañas y luego papá con una cuchilla filosa hacía unas varillas derechitas y finitas, las cuales lijaba para que no nos lastimáramos con sus astillas. Luego alguno de nosotros iba al almacén de ramos generales, pues no había allí una papelería ni tampoco supermercado, y compraba hilo para cometa, así lo pedíamos. Una vez que teníamos todos estos implementos comenzaba cada uno a idear su diseño y papá se daba maña para complacernos. Yo recuerdo especialmente, un año en que me hizo un barco, sí, extraño, pero yo por alguna razón quería ver volando en el cielo una cometa con forma de barco, no lo hicimos con papel de cometa, sino con uno que teníamos a mano en casa y era de color celeste lo cual no contrataba mucho, por ello una vez que estuvo listo, mi tarea fue recortar dibujos y fotos coloridas de revistas y pegarlos por doquier.

Fabricar la cola también era un ritual, para el cual teníamos indefectiblemente que contar con mamá para que nos diera alguna camisa vieja para cortar en trozos, ella siempre nos conseguía telas variadas que anudábamos unas con otras y nos quedaba una cola colorida.

Difícilmente hoy vea una cometa “casera” revoloteando en el cielo, hoy son muy lindas, con los colores de los equipos deportivos de la región o diseños de dibujos animados. Pero detrás de ellas no guardan el recuerdo de un ritual compartido con papá y mamá.

Y lo más lindo era que el día de Primavera, se hacía el concurso de cometas, y había un premio para la cometa más grande, la más original, la que volaba más alto y a la más colorida. Solíamos ir a ver, pero no participábamos, no sé bien porqué, tal vez porque nuestro premio era simplemente disfrutar de hacer las cometas y luego hacerlas volar ayudados de los consejos de papá.


Lo más parecido a la nieve…

Todavía recuerdo ese día loco, pues nuestro primer ciclo de estudios en el Instituto nos pareció realmente estresante a la mayoría del grupo, éramos apenas unos 15 estudiantes de distintas nacionalidades, tratando de adaptarnos a todos los cambios, desde el clima, la cultura, las comidas y el ritmo de las clases todos los días, algo que para muchos hacía tiempo que habíamos dejado atrás en el tiempo.

Por eso, algunos que ya habíamos conformado un grupo de amigos inseparables, habíamos estado esperando aquél fin de semana con ansias, y aunque amaneció gris nada nos quitó de la cabeza el plan A de ir a la pileta y al sauna, solo sé que fue en el norte de la ciudad, pero no sabría volver a ir, ni tampoco decir en qué barrio se encontraba, aunque el entorno era muy bonito, nuestros amigos llevaban a sus familias, esposas y niños ellos eran los lugareños, así que oficiaban de guías y nosotros les seguíamos confiados.

Para llegar habíamos tomado la ecovía y a poco de estar viajando comenzó a llover fuertemente, luego a granizar, nunca había visto tanto granizo, se amontonaba sobre el cordón de las veredas a una algura de más de 40 cm. parecía hielo picado para granizado de frutas. pero luego y a la distancia, cuando se compactaba se veía como nieve.

Con tremanda tormenta de granizo, yo sólo pensaba en regresar a casa; sin embargo, nuestros amigos estaban como si nada, como si alguien les hubiese pintado un panorama que yo desconocía y no entendía en absoluto.

Al llegar aún llovía, aunque ya no granizaba, corrimos a una especie de estancia que tras las cercas de juncos dejaba al descubierto una gran pileta al aire libre. Pensé: ni loca me meto en esta pileta bajo la lluvia; sin embargo, no era esa la idea, entramos a una especie de gimnacio, bajo el cual había una enorme pileta que humeaba, el lugar tenía unas hermosas fuentes decorativas y un pequeño restaurante, además del sauna que olía a eucaliptus.

Quien lo diría podíamos oír como caía la lluvia mientras nos divertíamos en la pileta y luego en el sauna, no tardó mucho en salir el sol, con el tiempo aprendimos lo cambiante del clima en las sierras quiteñas.

Y si bien meteorología lleva años haciéndonos creer que nevará en territorio uruguayo, yo siempre recuerdo que he visto picos nevados cercanos, pero lo más parecido a la nieve que vi fue aquellos montones de granizo compactado en las veredas de un fin de semana que queríamos desestresarnos.


Gracias Celeste, por la 15…

Yo sé que este día no se me va a olvidar fácilmente a menos que por alguna razón pierda la memoria, pues hoy la selección Uruguaya de fútbol se consagró Campeona de la Copa América 2011 que se llevó a cabo en Argentina, al ganarle a Paraguay por 3 a 0.

Fue una hermosa tarde entre amigos y familiares, con nervios, risas, sueños, y entre mates, choripán, pizza, pororó y helado, nos quedamos pegados a la TV a disfrutar hasta los festejos.

Ahora son las dos de la mañana y esto sigue siendo una locura, una hermosa locura en cuatro colores, blanco, azul, amarillo y por supuesto Celeste.

Los jugadores aún no llegan al estadio Centenario, vienen parados sobre el techo del bus, mostrando al copa a la gente que se agolpa a ambos lados del bus, ondeando la bandera y ya roncos, ninguno quiere perderse este emotivo recibimiento.

Se oyen sirenas, cornetas, silbatos, gritos, tamboriles, fuegos artificiales, es hermoso. Inolvidable!!

El recibimiento es hermoso para todos, para ellos, para los que están en el estadio viéndolos en persona y para los que los vemos desde casa!

¡Grande paisito cargado de glorias futboleras! ¡Qué la Celeste siempre te regale un Sol!


¡Alentando a la Celeste!

Por estos días en nuestro país se vive una vez más un sentir colectivo, trazado por un color que nos une en un grito unísono: ¡¡¡Vamo Uruguay nomá!!! sí, no es que esté mal escrito, pero es el estilo de la jerga futbolera de mi pueblo que alienta a todo pulmón a los hombres elegidos para representarnos del otro lado del charco, en una nueva Copa América.

No intento hablar de fútbol aquí porque no tengo más que la experiencia de un hincha que ama a su equipo y lo alienta en las buenas y en las malas y se alegra, se enfada, grita, se calla, tiembla y se calma toda vestida de Celeste frente a un televisor, pero desde este lugar humilde siempre tengo un canto para alentar a la Celeste a la hora de jugar, y vos ¿cuál tenés?

A continuación pondré los nombres y los enlaces para encontrar en youtube algunas de las canciones que se han compuesto expresamente para la selección uruguaya de fútbol en distintas instancias Mundiales y de Copa América.

Nací Celeste: http://www.youtube.com/watch?v=MebMu0lSxxc

Cielo de un solo color (NTVG): http://www.youtube.com/watch?v=RnM8rElWZ5c

Uruguayos campeones: http://www.youtube.com/watch?v=vCI9o4l4kro&feature=related

Vayan pelando las chauchas: http://www.youtube.com/watch?v=vNOWtaYO9i8&feature=related

Gloriosa Celeste: http://www.youtube.com/watch?v=UCj6KeJoHmA&feature=related

Uruguay te queremos ver campeón: http://www.youtube.com/watch?v=RMfGIRSdlpY&feature=related

Cuando juega Uruguay: http://www.youtube.com/watch?v=97J02XA1zdM

A grito de gol: http://www.youtube.com/watch?v=INBdcg2CCr4

Descolgando el cielo: http://www.youtube.com/watch?v=XnAWw4aVt9M&feature=related

Vieja leyenda de hoy: http://www.youtube.com/watch?v=KftgYnhTMSw

Escuchala y elegí tu favorita a menos que ya la tengas y si conocés alguna otra que no esté entre estas dejá un comentario.

Y mañana en el partido de semifinal de la Copa América 2011, entre Uruguay-Perú, alentá, cantá tu estribillo preferido: “En este lugar el cielo juega al fútbol en la tierra y yo lo puedo tocar en cada camiseta, y a quien le voy a pedir que me regale ese amor, si me manda el corazón que nació grande y Celeste…”. “A grito de gol, Uruguay salí a la cancha”.  “Uruguay, Uruguay te queremos, te queremos ver campeón porque en esta tierra vive un pueblo con corazón”. “Soy Celeste, soy Celeste, Celeste, soy yo”.

Mañana cantá la que quieras, la que más te guste, pero no dejes de alentar a la Celeste.


Andando calles viejas con ojos nuevos o viceversa…

Cada vez que partimos de un lugar amado, si bien queremos regresar no siempre sabemos a ciencia cierta si lo haremos realmente.

Creo que no me alcanzan los dedos de las manos para contar las veces que me mudé, a veces con alegría, otras con lágrimas, muchas veces hice mío aquél párrafo hermoso de “El Profeta” de Kahalil Gibran: ¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No, no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma. Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor? Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena. No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.

Tal cual, existen calles que grabaron mis pasos, sobre otras se esparcieron mis risas y mis palabras de paz, de amor, de dolor o de rabia. Por eso luego de los años volver a andarlas, es una bendición en la que se te agolpan otra vez las emociones y recuerdos de otros tiempos y la ves con ojos nuevos, buscando los cambios, descubriéndolos; tal vez hasta tenga el mismo aroma y los plátanos o eucaliptos floreciendo y hasta halles algún vecino que solías saludar, pero aunque todo halla cambiado es hermoso poder volver a andar calles que formaron parte de tí, como esta de la foto, en el barrio La Floresta, en Quito, Ecuador donde viví durante tres años.


Buscando la luz al final del túnel

La mayoría de las ciudades  suelen tener un túnel, unos más largos, otros más cortos, más iluminados, más amplios, etc. los mismos suelen volverse algo cotidiano al punto de no afectarnos mayormente; sin embargo, si has tenido que viajar por carretera a través de montañas y cordilleras la cosa cambia, pues uno se da cuenta que las luces no son suficientes, que el espacio nunca es tan amplio pues, ¿a quién se le ocurriría hacer un túnel amplio corriendo peligro de debilitar la estructura de la mole de roca?

Es así que cuando te topas con uno de estos, nunca sabes qué tan largo sea, pero al momento de entrar ya percibes que por más que fuerces tus ojos, la distancia en la oscuridad es mucha, pues ni siquiera se divisa un haz de luz.

Debo admitir que mi claustrofobia se puso a prueba más de una vez en el viaje que llevamos a cabo desde Uruguay a Ecuador, por tierra. Realmente, al tener frente a mis ojos una imagen como la de la foto, comenzaba mi inquietud porque no tenía control del tiempo que permanecería en ese túnel, en la oscuridad, con otras personas sentadas en sus respectivos asientos consumiendo “mi aire”, esos son los pensamientos de alguien claustrofóbico que se sabe entre la espada y la pared, sin más posibilidad que esperar que pase el trago amargo.

Cerrar los ojos por lo que parecen minutos interminables no ayuda cuando al abrirlos continuas en la oscuridad, en lo que tu mente dice que es un espacio pequeño, cerrado y con esas ventanas de los buses que no se abren se vuelve una situación caótica; pero rescato que el ser humano se olvida o al menos relega a un segundo o prufundo lugar de sí mismo estas situaciones una vez que pasan, para disfrutar luego del haz de luz, del nuevo paisaje que se divisa al salir, de la ilusión de sentir que ante la luz estás más libre y el espacio es más grande y ya nada tenés que temer.

Me río de mí cuando me pasan estas cosas; sin embargo volvería a vivirlo con tal de descubrir esos paisajes nuevos que se abren con la primera luz que se deja ver desde el túnel.


Pororó, pochoclo, crispetas… ¿y vos cómo le decís?

Agradezco haber podido conocer personas de distintos países de América Latina, y a través de ellos conocer al menos un poquito de sus culturas, lo cual ha sido una gran experiencia llena de malentendidos, risas, defensas de las comidas tradicionales, de nuestros dichos, como si fueran los mejores o más adecuados.

De todas las cosas que he aprendido de muchos países de las Américas, me ha llamado la atención las distintas formas de llamarle al maíz acaramelado que solemos comprar a la entrada del cine, pues si bien varían muchas palabras, creo hasta ahora que esta se lleva el premio en sus diferentes formas de ser llamada.

Tengo una lista que seguramente no está completa, por ello si no encuentras la forma en que lo llaman en tu país, deja tu comentario.

Esta es la lista:

  • Uruguay = Pororó, pop
  • Argentina = Pochoclo
  • Chile = Cabritas de maíz
  • Perú = Cancha, canchita, porcor
  • Ecuador = Canguil
  • Venezuela = Cotufas
  • Costa Rica, Nicaragua, Honduras = Palomitas de maíz
  • México = Palomitas de maíz, crispetas (en Durango y Coahuila)
  • Colombia = Crispetas, maizenas (en Pasto)
  • Brasil = Pipoca
  • Estados Unidos = Pop Corn
  • Lanzarote = Millito

Quedarte sin palabras…

Sí, a veces la naturaleza puede causar este efecto hasta en el ser más despreocupado, racional o práctico; hay momentos en que la belleza del paisaje te envuelve y te desborda como no creíste que pudiera suceder, y solo te quedas mirando, en silencio, esperando que tus ojos se llenen del lugar, y hasta te puedas llevar el aire para respirarlo y recrear, cuando lo cuentes hasta el mínimo detalle.

Y es que en este planeta hay cosas, que muchos nos contaron; sin que sus palabras llegaran realmente a describirlas y al llegar allí, quedamos boquiabiertos, esto me ha sucedido más de una vez y reconozco que las bellezas más intensas para mí las vi desde lo alto de alguna cumbre en que al observar a mi alrededor pude volver a caer en la cuenta de mi pequeñez y levedad, y así volver a mi lugar, mi lugar de apreciarlo todo en su justa medida, al menos hasta que la selva de cemento de la ciudad vuelva a enmarañar esa percepción de mi misma y lo que me rodea, y deba tener otro reencuentro con la naturaleza, esa… que te deja sin palabras…


Ahhh… mi infancia y los días de lluvia!

¿Existe una onomatopeya para los suspiros? si la conocés hacémelo saber, por ahora sólo escribiré: ¡mmm… huele a lluvia!, bueno, no exactamente, huele a tierra mojada por la lluvia, porque en realidad no sé cómo huele la lluvia.

En fin, este día gris, sereno y somnoliento, me pasea por el recuerdo de muchos años atrás, en que detrás de la ventana mirando la lluvia repiquetear en los vidrios, cantaba aquella canción que lamentablemente se me borra en lapsos y me deja una letra entrecortada… algo así: “… cuando llueve no hay permiso para salir a jugar… (luego en la misma canción hablando de juguetes para jugar adentro decía algo más…)  tengo un monito que hace chin-chin… la cantaba de niña, siempre que llovía y hasta ahora me llega la melodía desde la voz de mi mamá.

¡Qué bueno que existe internet para refrescarme la memoria, al encontrar la letra y la música de esa canción que no volví a escuchar desde aquellos días en que mirar por la ventana significaba acercar un banquito para alcanzarla y al estar frente al vidrio frío y empañado era imposible evitar garabatear con los dedos algún dibujo y luego apretar la nariz hasta deformarla y enfriarla en el vidrio.

No sé si has oído alguna vez esta canción pero hete aquí la letra real, no la de mi mente:

Cuando llueve no hay permiso para salir a pasear,

a través de mi ventana con la lluvia amiga, me pongo a jugar.

Con gotitas me dibuja todo lo que quiero ver, yo le muestro mis juguetes,

con la lluvia me voy a entender.

Tengo un monito que hace chin chin, una escopeta que tira pum pum,

un juego de carpintero, un carro lechero un auto y un tren.

Tengo un payaso que tiene un pom pom y cascabeles que suenan clin clin,

un caballito y un trompo, un gran barrilete y un monopatín.

Señora lluvia dame un charquito para que flote mi botecito…


En busca de la foto espectacular…

Todo un año, sobreviví con la nini cámara digital, por lo cual perdí el entusiasmo de andar capturando bellezas de la naturaleza, aunque algunas me cautivaban en gran manera y lo intentaba para frustrarme con mucha rapidez al ver el resultado. Pero, el recuerdo de esos días que me ayudó a conservar fue la última foto de mis padres, antes que mi papá falleciera, en la cual mamá lo abraza y él la mira con amor y la besa, la foto en sí es pésima, verdosa, borrosa, pero al verla a través del corazón cobra gran relevancia. Lamento hablar de ella y no publicarla, pero es muy mía y personal.

En setiembre de 2007 partió papá y por un tiempo se mitigó mi deseo de tomar fotos, así que no importaba mucho cuál fuera mi cámara para ese entonces. Pero para mayo de 2008, había encargado una Panasonic, Lumix DMC-FZ8, 12x. Con lentes ajustables a rosca 55mm, lo cual me permitían usar las lentillas de aumento, difusoras, uv, polarizadoras, entre otras que me habían quedado de la Canon EOS.

A mediados de junio unos amigos trajeron mi cámara desde EUA, y comencé a estudiarla, ya que ellos querían que tomase las fotos del cumpleaños de 15 de su hija, lo cual me preocupó mucho ya que no tenía mucha experiencia con cámara digitales. Sin embargo haciendo uso de varias memorias, saqué montañas de fotos, para asegurarme que al final tendría un buen número de fotos buenas.

Como no me fue tan mal en esta primer experiencia, adquirí un poco de confianza y comencé por darle también mi voto de confianza a la cámara digital.

Esta es la cámara que utilizo actualmente y con la que me aventuro a incursionar en distintos aspectos de la fotografía, aunque de todos prefiero el macro, más allá de que estoy convencida que aún no lo manejo muy bien; sin embargo algunas fotografías representan un logro.

Por el momento continúo buscando mi foto espectacular, aquella que me enamore cada vez que la vuelva a mirar, aquella que quiera que todos vean, aquella que me ilumine los ojos al decir:  “la tomé yo” y de la cual la gente diga: “es hermosa, etc., etc.,”.



Aprendiendo a los ponchazos…

Lo más parecido a una cámara que tuve en mis manos a los 12 años fue lo que parecía ser un rollo 110 en su cajita, era una supuesta “cámara” descartable que no recuerdo bien cómo llegó a mis manos, tal vez fue un intento de algún adulto por adormecer mis deseos de tener una cámara real, (allá por el año ‘79 en plena dictadura), no lo sé, pero, aquel prisma rectangular no media más de 8 cm. de largo por 3 de alto, ¡wow! Era supersofisticado.
En fin, esa cajita tenía en la parte superior un botón a modo de disparador, un pequeño orificio que obraba de objetivo y por supuesto un mini visor, eso era todo; sin embargo, yo creía que tenía todo lo que necesitaba para sacar fotos espectaculares como las de National Geographic. Bueno podría hacer el intento con apenas 24 posibilidades.
A diferencia de los niños de hoy que a los 5 años ya son expertos en todo, pues ya han manipulado controles remotos, celulares, dvd, tv, computadoras, etc. Yo a esa edad creí que con lo que tenía en mis manos podía empezar mi gran carrera, pensando en las pequeñas flores que tomaría nítidas y grandes (imaginé que era cuestión de acercar el objetivo la suficientemente cerca al objeto y listo!).
Para esta instancia todavía no pensaba en tomar fotos a los rayos, no porque no pudiera hacerlo con esa cámara descartable sino porque era pleno verano y faltaba mucho para las tormentas eléctricas, y bueno, así pensaba a los 12 años.
Seguro que ni se imaginan mi gran sorpresa una vez revelado aquel rollo, no había una sola foto que pudiera conservar, todas estaban borrosas, mal enfocadas, etc., etc.
La verdad es que esta primera experiencia me desilusionó un poco, sin embargo, comencé, siempre que podía a investigar sobre las cámaras que tenían familiares o vecinos y a su vez leía lo que encontraba en diarios y revistas sobre fotografía, lo cual no era tan fácil como lo es ahora con internet.
Esto es sólo el principio.


Cómo adquirí el gusto por la fotografía

Recuerdo bien que en mi infancia la mayoría de los inviernos la pasaba enferma, por lo cual mis pasatiempos estaban limitados a pintar, dibujar, leer y ver televisión.  Con el tiempo comprar libros de cuentos y de colorear era todo un presupuesto, así que papá comenzó a conseguirme en la feria revistas usadas de National Geographic, estas impactaron mi vida causando una impresión imborrable en mí, al punto que aún hoy recuerdo la primera que vi a los 8 años. La revista contenía un artículo de varias páginas con fotografías de rayos, recorriendo cielos, grises, violetas, negros, azul marino, sepia;  me maravillé en gran manera al verlas y pensé que algún día tomaría una foto como esas, sin imaginar  siquiera si sería fácil o qué necesitaría para llevar a cabo tal deseo.

Siguiendo con la recorrida de las páginas de la revista, continuó mi embelesamiento, al ver bosques, mares, desiertos, cielos, ríos, animales, flores, todo plasmado con tanta belleza que pensaba que eran lugares mágicos, pues nunca en la vida real habían captado mis ojos aquellas cosas que veía en esas revistas.

Agradezco a Dios que nunca olvidé mi sueño de fotografiar un rayo y que fui trabajando muy lentamente para cumplirlo (ya les contaré cómo), y aunque transcurrieron 30 años me siento feliz de haberlo logrado, es verdad que mi foto no se parece a las de National Geographic, pero hice lo que pude con la cámara que tenía y me siento satisfecha.

Silvia Marcel Acuña (más…)