Es un blog de fotos de la naturaleza, viajes y cosas bellas en general.

Cultura

Última fotografía de 2014

Plazoleta

En el mes de noviembre fue inaugurada sobre la Autopista Gral. Rumiñahui, en la entra del puente 8 a la parroquia de Conocoto, se encuentra esta escultura de la Guitarra que identifica la cultura musical del lugar. Esta fue la última fotografía que tomé en el año 2014.

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Con estos colores debería ser nuestra flor nacional

flor azul, amarilla y blanca

Por supuesto que una flor nacional no es elegida por sus colores sino por el hecho de representar la mayor extensión de tierra de dicho país. Y entre las que cumplen este requisito, se consulta a los habitantes del país a través de distintas encuestas y la que obtiene la mayor cantidad de votos es la flor nacional, este ha sido parte del método de estas latitudes para elegirla, pero seguramente en otros países lo han hecho de otra forma.

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En mi país, Uruguay, al igual que en Argentina, la flor nacional es la flor de Ceibo rojo.

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Más fotos de Petra

Camellos en Petra

Más del bello paisaje jordano, en la ciudad de Petra.

Monasterio

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Petra

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Subiendo en burro más de 700 escalones para llegar al monasterio

Montaña derritiéndose?


Hermosas vistas del Cerro de la Fortaleza

Entrada al museo del Cerro de la Fortaleza

La Fortaleza General Artigas, popularmente conocida como Fortaleza del Cerro, se localiza en la ciudad de Montevideo, Uruguay.

Vista desde el Cerro

En posición dominante sobre el cerro más elevado del departamento de Montevideo (popularmente conocido como El Cerro, (Cerro de Montevideo) con su altitud de 134 metros sobre el nivel del mar, en el lado opuesto de la bahía.1 Su función era la defensa de la población de Montevideo y su puerto, en la margen izquierda del río de la Plata. Se trata de la última fortificación española construida en Uruguay. http://es.wikipedia.org/wiki/Fortaleza_General_Artigas

Cerro de la Fortaleza, Gral. Artigas

Cerro de la fortaleza

Museo del cerro de la fortaleza

vista desde dentro de la fortaleza

La fortaleza

 


Barrio Reus

Hoy que justamente andaba por ahí, en el Barrio Reus tan pintoresco, me hubiese gustado que el día hubiera estado soleado, porque de esa manera el colorido de las casas se hubiera destacado mejor en las fotos, pero no fue así, sino que hizo un día gris y bastante oscuro.

Pero igualmente el barrio tiene su encanto con o sin sol. Sus casas se ven como murallas que custodian las veredas sin más huecos que puertas altas y ventanas todas rectangulares y no más anchas que las puertas.

El barrio debe su nombre a Emilio Reus, empresario madrileño que construyó viviendas para obreros y jornaleros.

 


La herencia de mi abuelo

Una vez más ha comenzado el mes de diciembre, lo cual me llena de un espíritu especial, por muchas razones en realidad; una es que ya estamos cerca del verano y solemos tener por aquí unos hermosos días soleados, a veces calurosos, pero hermosos al fin pues no es posible tenerlo todo, ¿no crees?

En fin, otra razón es que me encanta la navidad, por lo que significa y porque pongo en uso la herencia de mi abuelo paterno. Tal vez pensaste que se trataba de algunos platos, fuentes o adorno navideño que recibí de él, pero la verdad es que lo que conservo de mi abuelo son más bien recuerdos, pocos, pero lindos.

Te diré que durante mi infancia visitar la casa de mi abuelo era como ir a un shopping en navidad, lo cual hace más de 30 años te sentías como en la casita de dulces de Hanzel y Gretel, para empezar el árbol que él adornaba iba del piso al techo, y usaba la mitad de un gran living para crear el más hermoso pesebre que hubiese visto. El abuelo, no sé bien cómo, creaba ríos no de papel celofán azul, sino de agua real que corría, hacía cascadas y tenía todo tipo de animalitos, palmeritas que él mismo hacía, me quedaba horas observando cada adorno, era hermoso.

Esa es la herencia que tengo de mi abuelo (lamentablemente no tengo fotos, en ese tiempo no tenía cámara), me encanta adornar la casa en navidad, puede llevarme días y cansancio, pero aún así nunca lo supero en su inventiva.

Por el momento sólo he preparado el material para comenzar a adornar, luego te mostraré cómo quedó.


Lo más parecido a la nieve…

Todavía recuerdo ese día loco, pues nuestro primer ciclo de estudios en el Instituto nos pareció realmente estresante a la mayoría del grupo, éramos apenas unos 15 estudiantes de distintas nacionalidades, tratando de adaptarnos a todos los cambios, desde el clima, la cultura, las comidas y el ritmo de las clases todos los días, algo que para muchos hacía tiempo que habíamos dejado atrás en el tiempo.

Por eso, algunos que ya habíamos conformado un grupo de amigos inseparables, habíamos estado esperando aquél fin de semana con ansias, y aunque amaneció gris nada nos quitó de la cabeza el plan A de ir a la pileta y al sauna, solo sé que fue en el norte de la ciudad, pero no sabría volver a ir, ni tampoco decir en qué barrio se encontraba, aunque el entorno era muy bonito, nuestros amigos llevaban a sus familias, esposas y niños ellos eran los lugareños, así que oficiaban de guías y nosotros les seguíamos confiados.

Para llegar habíamos tomado la ecovía y a poco de estar viajando comenzó a llover fuertemente, luego a granizar, nunca había visto tanto granizo, se amontonaba sobre el cordón de las veredas a una algura de más de 40 cm. parecía hielo picado para granizado de frutas. pero luego y a la distancia, cuando se compactaba se veía como nieve.

Con tremanda tormenta de granizo, yo sólo pensaba en regresar a casa; sin embargo, nuestros amigos estaban como si nada, como si alguien les hubiese pintado un panorama que yo desconocía y no entendía en absoluto.

Al llegar aún llovía, aunque ya no granizaba, corrimos a una especie de estancia que tras las cercas de juncos dejaba al descubierto una gran pileta al aire libre. Pensé: ni loca me meto en esta pileta bajo la lluvia; sin embargo, no era esa la idea, entramos a una especie de gimnacio, bajo el cual había una enorme pileta que humeaba, el lugar tenía unas hermosas fuentes decorativas y un pequeño restaurante, además del sauna que olía a eucaliptus.

Quien lo diría podíamos oír como caía la lluvia mientras nos divertíamos en la pileta y luego en el sauna, no tardó mucho en salir el sol, con el tiempo aprendimos lo cambiante del clima en las sierras quiteñas.

Y si bien meteorología lleva años haciéndonos creer que nevará en territorio uruguayo, yo siempre recuerdo que he visto picos nevados cercanos, pero lo más parecido a la nieve que vi fue aquellos montones de granizo compactado en las veredas de un fin de semana que queríamos desestresarnos.


Cuando vi la publicidad no supe si reir o fruncir la nariz…

Apenas pisamos el aeropuerto de Quito, en Ecuador, notamos que la mayoría de los adolescentes y jóvenes iban pulcramente peinados con gel y de muy variadas formas, como si se tratase de una competencia al más original, por ello con el transcurso del tiempo se volvió para mi esposo y para mí un juego descubrir nuevos peinados en los chicos .

Con la idea de que este debía ser un gran negocio en el país, charlando un día con un vecino, padre de un adolescente,  supimos que el joven tardaba mucho en peinarse para ir al colegio y que compraba tres tipos de gel y por supuesto que debía reponerlos varias veces en el mes, lo cual entendimos como todo un ritual de la coquetería varonil, no era algo malo; pero a nosotros que veníamos del sur, específicamente Argentina  y Uruguay, donde los chicos suelen usar el cabello largo, y difícilmente peinado con gel, nos llamó mucho la atención.

Tal es así que, el año pasado, cuando regresamos a visitar Quito, nos topamos con la publicidad de esta foto, si bien en primera instancia no supe si reír o poner cara de asco frunciendo la nariz. Entendí que para ciertos tipos de peinados innovadores era necesario este tipo de gomina Mokopótamo: “gomina para peinar a lo bestia”, estoy segura que con ese eslogan, el cual reconozco como muy original, con un pote por mes sería suficiente.


Extraño el color de los jardines, en Invierno…

Si bien cada estación tiene su encanto, debo reconocer que tras el Otoño que se lleva buena parte de la gama de los verdes en los árboles, como así también el Celeste del cielo el cual pasa a ser mayormente de tonalidades grises, es el Invierno quien se lleva los laureles a la hora de convertirse en una especie de caja fuerte donde se guardan los colores de las flores de nuestros jardines.

Pues sí debido a los fríos de estas latitudes los vecinos no cultivan sus jardines al igual que en verano o en primavera. Así que mientras tanto añoro la llegada de eso días cálidos, estaré preparándome para plasmar los coloridos jardines de los días venideros.

En fin, extraño el color de los jardines en Invierno.


A esas personas maravillosas que son mis amigos…

Tengo entendido que la celebración del Día del Amigo fue ideada por Enrique Febbrano (argentino) a partir de una gran cruzada mundial de la amistad que comenzó en Paraguay allá por el año 1958. La idea de Enrique fue más allá de lo que esta cruzada representaba, puesto que el 20 de julio de 1969, día en que el hombre llegó a la luna, vio este acontecimiento como una forma de iniciar amistades por el universo.

Yo no necesito salir del planeta para tener hermosos y grandes amigos, en este imagen puedes ver algunos nombres que al oírlos o leerlos me traen a la mente personas maravillosas.

Agradezco que he podido conocer excelentes personas tanto personalmente como así también virtualmente. Para ellos va mi agradecimiento por haber cruzado mi camino para enriquecerlo con algo de su vida en la mía. Para cada uno va un abrazo y un deseo sincero de muchas felicidades hoy siempre.

!Dios te bendiga amigo!


Andando calles viejas con ojos nuevos o viceversa…

Cada vez que partimos de un lugar amado, si bien queremos regresar no siempre sabemos a ciencia cierta si lo haremos realmente.

Creo que no me alcanzan los dedos de las manos para contar las veces que me mudé, a veces con alegría, otras con lágrimas, muchas veces hice mío aquél párrafo hermoso de “El Profeta” de Kahalil Gibran: ¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No, no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma. Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor? Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena. No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.

Tal cual, existen calles que grabaron mis pasos, sobre otras se esparcieron mis risas y mis palabras de paz, de amor, de dolor o de rabia. Por eso luego de los años volver a andarlas, es una bendición en la que se te agolpan otra vez las emociones y recuerdos de otros tiempos y la ves con ojos nuevos, buscando los cambios, descubriéndolos; tal vez hasta tenga el mismo aroma y los plátanos o eucaliptos floreciendo y hasta halles algún vecino que solías saludar, pero aunque todo halla cambiado es hermoso poder volver a andar calles que formaron parte de tí, como esta de la foto, en el barrio La Floresta, en Quito, Ecuador donde viví durante tres años.