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El cómodo arte de postergar…


Hace aproximadamente un mes que regresé de las vacaciones en General Belgrano, Córdoba, Argentina, lugar muy bello por cierto; y en todos estos días he estado diciendo: “tengo que limpiar la pecera”, me he repetido esta breve frase casi a diario como tratando de convencerme de hacerlo, pero sin lograr el objetivo de esforzarme al menos en encontrar el tiempo para llevarlo a cabo.

La verdad es que ni el hecho de que no me gusta la visión de los peces nadando en un agua color chocolate, en la cual ya no se puede distinguir qué hay adentro, conseguía moverme a la acción al respecto.

En fin, hoy percibí que los peces prácticamente entre esta noche y mañana aprenderían a caminar en esas densas aguas en las que estaban, fue así que me apiadé, no es que no hubiese estado tratando de remediar el hecho del agua sucia en la pecera, pues huyendo de la labor mayor, le lavé el filtro más seguido de lo acostumbrado, le puse más gotas azules que ayudan a aclarar un poco el agua (entre otras cosas), limpié el vidrio con un imán, quité un tercio del agua y le puse agua limpia con gotas anticloro; sin embargo estos “parches” no conseguían el efecto deseado, de ver a unos hermosos peces de colores nadando alegremente en aguas transparentes.

Pues sí, con la excusa del trabajo y demás actividades fui “zafando” hasta hoy, todo porque la famosa frase de antaño: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, parece ser que ha quedado obsoleta en nuestro vocabulario y ya casi no se escucha por estos lados, antes al menos eso te movía a decir, sí tengo que hacerlo, no debo postergarlo más, pero ahora ni modo.

Es fácil postergar pero la verdad es que no ayuda en nada, pues más tarde o más temprano tienes que enfrentarte con aquello que vienes evitando, ya sea lavar una pecera, arreglar algo, hablar con alguien, etc.

En definitiva si te preguntas ¿cuál es el beneficio de no postergar las cosas? creo que es simple… no puedo expresar el placer que me da poder observar los peces con claridad, nadando libremente en la pecera, cosa que desde algunos días atras no podía hacer y que con el solo hecho de posar mis ojos sobre la misma, por dentro me llegaba una oleada de recriminaciones y cargas, de las cuales ahora me siento liberada.

La verdad es que no quiero dominar este cómodo arte de postergar las cosas, sin importar su importancia (valga la redundancia) quiero poder realizarlas, empezarlas, terminarlas y poder ver los resultados. Sí, eso quiero.

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